“El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
Jn. 10: 10
Conocer el propósito que Dios tiene para cada una de nosotras, es una bendición y un privilegio, porque son los planes perfectos que nuestro buen Padre tiene para cada una de nosotras: sus hijas.
El Santo Espíritu de Dios vive en nosotras y es quien nos ayuda y nos sostiene en TODO momento, de manera especial en tiempos de adversidad, en la medida que permanezcamos en EL, Juan 15: 7.
Nuestro deber, como hijas de Dios, es volvernos con todo nuestro corazón a EL, confesando y renunciando a todo aquello que nos hace caer.
Nuestras luchas son a diario, por ello tenemos que rendir cada área de nuestra vida completamente al Espíritu Santo para que EL haga la restauración que necesitamos.
La clave es obedecer a todos sus mandamientos por amor y temor (respeto reverente) a quien es EL. Eclesiastés 12: 13
Somos el corazón de nuestro hogar y la misión que tenemos es maravillosa. Perseveremos en nuestra fe para ver la gloria de Dios en nuestras familias.
